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A cinco minutos del microcentro, abriéndose paso el río, divisamos Quillagua.
Lleva el nombre del pueblito fantasma en extinción - debido a la contaminación de las aguas del único río LOA- de la Puna de Atacama.
Haciendo honores las aguas del Paraná, soberbias se muestran a través de los ventanales del Resto Bar rosarino.
Ambiente cálido, relajado, bar de río.
Atmósfera de informalidad y alegría que el río trae.
Un ejemplo más de las maravillosas vistas que esta ciudad puede ofrecer.
Lugar para disfrutar de los rayos del sol a la hora del almuerzo -menú ejecutivo- y para despegar del centro y deleitarse con las vistas, con la opción -después- de dar esos maravillosos paseos ribereños.
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